Los escombros llegan en la estela de los cohetes: plásticos derretidos, aluminio y trozos de adhesivo azul. Todo termina varado en la arena de la playa de Bagdad, en el norte de Tamaulipas, México, hogar de una especie de tortuga marina en peligro de extinción.
Justo al otro lado de la frontera se encuentra Starbase, la plataforma de lanzamiento y ciudad de la empresa SpaceX. Desde noviembre, Conibio Global, una pequeña organización no gubernamental, ha asumido una ardua tarea: limpiar la basura de SpaceX, una de las empresas más poderosas del mundo.
Jesús Elías Ibarra, fundador de Conibio Global, declaró a CNN que, en noviembre de 2024, presenció uno de los lanzamientos de SpaceX y vio caer uno de los propulsores en el Golfo de México.
En esa ocasión, Ibarra afirma que la gente llegó en al menos tres helicópteros y más de 10 embarcaciones tan solo unas horas después para limpiar. Sin embargo, en mayo hubo otro lanzamiento con más escombros.
Esta vez, según el activista, millones de partículas contaminaron la zona del lado mexicano. Ibarra comentó que, pocos días después, la organización recolectó más de una tonelada de desechos en un área de 500 metros.
“En medio kilómetro de los 40 kilómetros de costa, ya hemos recogido una tonelada de basura”, añadió Ibarra. “Somos un grupo muy pequeño, es imposible limpiarlo todo”.
Ibarra dijo que Conibio Global entregó los escombros a la agencia de protección ambiental del gobierno mexicano, PROFEPA.




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