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Coahuila: el PRI barre 16-0 y entierra el ‘efecto Andy’

Por Tío Santiago · 8 de junio de 2026

Coahuila: el PRI barre 16-0 y entierra el ‘efecto Andy’

Coahuila: el PRI barre 16-0 y entierra el ‘efecto Andy’

Sobrinos, aquí les va lo que tienen que saber para no andar como que no saben.

La realidad nacional dejó de ser mañanera para volverse tragicomedia de enredos, con los protagonistas más ocupados tramitando visas especiales que gobernando sus estados. Despertamos con la cruda de Coahuila: el rodillo del PRI se llevó carro completo —los 16 distritos de mayoría, con cerca del 55% de los votos según el conteo preliminar—, dejando a Morena en un segundo lugar de dos a uno y al PAN, junto con el Verde y Movimiento Ciudadano, coqueteando con perder el registro estatal por no alcanzar el 3%. Morena, eso sí, ya gritó fraude y denunció un “QRgate” de compra de votos con códigos QR. Eso no es percepción, es dato. Su tío lo lee como el acta de defunción del “efecto Andy”: Andrés López Beltrán soltó la Secretaría de Organización de Morena apenas unos días antes de que la maquinaria tricolor los aplastara en el norte. Y por si la jornada no bastara, la presidenta Claudia Sheinbaum nos presentó el Olinia, el auto eléctrico “100% mexicano” que condujo hasta el podio en Santa Lucía con los brazos en alto. La foto es épica; la letra chica, menos: según las reseñas que ya circulan, el prototipo cargaría componentes importados, dudas en materia de seguridad y prestaciones de auto urbano de baja velocidad. Soberanía tecnológica de 150 mil pesos para un país que, según la OCDE, avanza igual de despacio: 0.8% este año.

Porque mientras se presume soberanía tecnológica con un coche que parece de control remoto, la soberanía que de verdad duele se está entregando, expediente por expediente, en las cortes de Estados Unidos. El gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, dice que “casi suda agua bendita”, pero del otro lado no le ofrecen la hostia, sino un permiso de Significant Public Benefit Parole. Su tío sospecha que ese papel no es para ir de compras a Phoenix, sino el salvoconducto que suele reservarse a quien entra a testificar —ante un gran jurado— contra sus propios aliados. La “soberanía” se volvió el último refugio de quienes ya no saben cómo explicar por qué sus exsecretarios de Finanzas, como Enrique Díaz Vega, terminan poniéndose a disposición de la justicia gringa tras ser ubicados en Europa, en vez de confiar en el Poder Judicial que ellos mismos reformaron.

Y aquí la película cambia para nosotros en el Bajío. Querétaro se mantiene como el estandarte pro-industria del país, atrayendo inversiones de hiperescala como los 4 mil 800 millones de dólares de CloudHQ en Colón. Somos el epicentro de la infraestructura digital nacional, pero operando en la cuerda floja. Mientras en la capital —según se ha reportado— se destinan cientos de millones de pesos a maquillar estaciones del Metro con candelabros de lujo para la foto mundialista, aquí las empresas medianas y los parques industriales arman sus propios bancos de energía para no quedarse a oscuras. Somos un motor de Fórmula 1 intentando alimentarse de una red eléctrica federal que a duras penas prendería los faros del Olinia. La paradoja es brutal: alojamos los datos de medio México, pero dependemos de un chasis nacional que, según los datos, hila ya 19 meses de inversión productiva a la baja.

Y aquí viene lo incómodo: la verdadera crisis de confianza no la miden las encuestas —aunque esas también pegan, con la Ciudad de México reprobada al 53% en calidad de vida—, sino los más de 41 mil casos de abuso de confianza acumulados en lo que va del sexenio. El “moche” como aceite de la maquinaria: apenas ayer, Héctor de Mauleón documentó en El Universal una denuncia en Tamaulipas según la cual, en un contrato de despensas del Bienestar, se habrían exigido 110 millones de pesos —80 de “moche” y 30 “puestos en Saltillo” para operar las elecciones de Coahuila—, instrucción atribuida en mensajes a Américo Villarreal Santiago, hijo del gobernador y delegado del Bienestar en aquel estado. Conste que es una denuncia con documentos, no una sentencia, y que los señalados lo niegan. Pero el patrón retrata el fondo: preferimos quemar capital político defendiendo a gobernadores bajo la lupa de Washington que blindar la certeza jurídica que los inversionistas nos exigen rumbo a la revisión del T-MEC.

¿Ustedes creen, sobrinos, que se puede presumir liderazgo tecnológico con un coche urbano de baja velocidad mientras el país se nos descarrila en las curvas de la narcopolítica?

La soberanía de maquillaje se cae con el primer aguacero, y en México ya empezó a llover. Esto es La Opinión de Santiago. Y así las cosas, sobrinos.