Querétaro, el Ferrari atascado en el pantano nacional
Por Tío Santiago · 3 de junio de 2026

Querétaro, el Ferrari atascado en el pantano nacional
Sobrinos, aquí les va lo que tienen que saber para no andar como que no saben.
La realidad económica nos acaba de acomodar un revés de esos que truenan en la mejilla y dejan el orgullo arrastrándose. Mientras el oficialismo posa para la foto en el Monumento a la Revolución, la OCDE recortó el pronóstico de crecimiento de México a un raquítico 0.8%. Y por si el número solito no doliera, el motor que mueve a Querétaro y a todo el Bajío —la industria automotriz— se desplomó 11.3% en sus exportaciones a Estados Unidos durante el primer trimestre: casi 4 mil 900 millones de dólares que ya no entraron a la caja. Eso no es percepción, es dato. Y mientras las cuentas no cierran, la justicia de Washington amplió su menú de cacería: ya no solo le apunta a Sinaloa; según el reportaje de Steve Fisher y Kate Linthicum en Los Angeles Times, los gobernadores de Sonora y Tamaulipas estarían bajo la lupa del Departamento de Justicia por presunta colusión con el narcotráfico.
El discurso dice una cosa, la realidad otra. La presidenta Claudia Sheinbaum se envuelve en la bandera y denuncia “intervencionismo electoral” de la extrema derecha estadounidense. Bajo el lema de “Patria o yanquis”, el gobierno convoca a 2 mil 600 asambleas informativas para “defender la soberanía”: una movilización que huele menos a diplomacia de altura y más a manual bolivariano de distracción. Resulta fascinante verlos exigir a todo pulmón respeto a los “asuntos internos” mientras, por debajo de la mesa, el secretario de Economía Marcelo Ebrard pide formalmente extender el T-MEC dieciséis años más, hasta 2042. Su tío sospecha que en Palacio saben de sobra que la soberanía no paga la deuda pública ni llena el tanque de gasolina; pero la retórica nacionalista es el único pegamento que les queda para tapar las grietas que ya se asoman en el muro de la honestidad.
Y aquí la película cambia para nosotros. Hoy amanecimos con que Querétaro es líder nacional en competitividad urbana, presumiendo autonomía fiscal y un mercado hipotecario sólido. Somos, sin exagerar, un Ferrari estacionado en un pantano. De poco sirve traer el mejor motor si el chasis nacional lleva quince meses atorado en pesimismo empresarial. ¿Sabían que, según la Encuesta de Expectativas de Banxico, el 0% de los analistas —ni uno solo— cree que sea buen momento para invertir en el país? El contraste raya en lo cómico: en el Bajío peleamos por atraer centros de datos e inteligencia artificial, mientras en la capital se pelean por el registro de marca de un ajolote futbolero y se gastan 10 mil millones de pesos en maquillar un aeropuerto que se entrega con cables de fuera y andamios todavía puestos.
Y aquí viene lo incómodo: la soberanía que tanto pregonan no parece pensada para blindar al ciudadano, sino para proteger al amigo. El rechazo a las extradiciones y la bandera usada como escudo procesal alimentan lo que muchos ya murmuran —y que su tío sospecha en voz alta—: que la verdadera soberanía está secuestrada por barones de la droga que, todo apunta, deciden candidaturas y manosean elecciones. Mientras Andy López Beltrán renuncia a su cargo en Morena para correr por una diputación en Tabasco —su tío lee la jugada como una carrera por el fuero frente a las investigaciones que, según la columna de Salvador García Soto, se estarían cocinando del otro lado de la frontera—, el resto de los mortales nos quedamos a merced de una economía estancada y de una inseguridad que ya rebasa los 41 mil homicidios en lo que va del sexenio. El nacionalismo de asamblea es un lujo que un país creciendo al 0.8% no se puede dar.
¿Ustedes creen, sobrinos, que 2 mil 600 asambleas informativas van a convencer a las armadoras de quedarse en México, justo cuando Washington empieza a clasificarnos como riesgo de seguridad nacional?
La soberanía de papel se quema con la primera chispa de la realidad económica. Y así las cosas, sobrinos.
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