Rolls-Royce de Gertz y juniors en el Senado
Por Tío Santiago · 23 de junio de 2026

Sobrinos, aquí les va lo que tienen que saber para no andar como que no saben.
Y el tema sigue siendo esta extraña versión de la “austeridad” que cada día se parece más a un catálogo de lujo de los años setenta. Hoy despertamos con que Alejandro Gertz Manero, nuestro flamante embajador en el Reino Unido y exzar de la justicia, no solo coleccionó expedientes inconclusos: también una envidiable flota de autos y una bodega de bienes. Resulta que en 2020, mientras el país estaba encerrado y él lidiaba con casos como la Estafa Maestra o Ayotzinapa —que dejó con más del 90% de impunidad—, se dio el tiempo de comprar, de contado y ya como fiscal, un Rolls-Royce de 2.7 millones de pesos. Su declaración patrimonial es un poema al acumulamiento: 13 inmuebles, joyas valuadas en 18.3 millones, obras de arte por otros 8. Que conste: lo de las joyas y las casas él lo reporta como herencia. Pero el Rolls-Royce lo firmó siendo el hombre más poderoso de la procuración de justicia en México. Eso no es percepción, es dato.
Y mientras desde el púlpito oficial se predica que el servicio público es para servir y no para servirse, en el Senado han montado una auténtica agencia de colocación familiar. Nos enteramos de que la Cámara Alta gasta 8.3 millones de pesos al año en sueldos para hijos, hermanos y sobrinos de legisladores. Tenemos casos de antología, como el hijo de Gerardo Fernández Noroña, que cobra 80 mil pesos mensuales como “asesor” pero que en los hechos es el fotógrafo personal de su padre en sus giras. O la hija del senador morenista Enrique Inzunza —a quien el Departamento de Justicia de Estados Unidos señaló por presuntos nexos con el narcotráfico, acusaciones que el legislador ha negado de tajo—, que también encontró cobijo en la nómina. Su tío sospecha que el “humanismo mexicano” se traduce en esas oficinas como “primero los parientes”: mientras las clases medias de Querétaro batallan para completar la quincena, allá arriba el presupuesto es un bufet de apellidos de alcurnia.
Y aquí es donde la historia cambia para nuestra tierra. En Querétaro presumimos ser motor industrial y tecnológico, pero estamos amarrados a un chasis federal que tira el dinero en socavones financieros. Mientras aquí las empresas exigen infraestructura eléctrica y certidumbre, el Gobierno Federal reconoce que el Tren Interoceánico ya se tragó 18 mil millones de pesos y todavía no tiene ni proyecto ejecutivo concluido ni derecho de vía asegurado para corregir el trazo donde, en diciembre, murieron 14 personas. Es fascinante la desconexión: invertimos miles de millones en trenes que se descarrilan y en centrales eléctricas que se inauguran “sin gas”, pero eso sí, hay presupuesto para pagarle 100 mil pesos mensuales al hijo de Manuel Añorve en el Senado. Somos el estado que atrae la inversión de Airbus, pero dependemos de una justicia que, a juzgar por la declaración de Gertz, prefería estrenar Rolls-Royce antes que cerrar carpetas.
Y aquí viene lo incómodo: la verdadera soberanía nacional no se defiende rentando el Castillo de Chapultepec a la FIFA para cenas privadas por más de un millón de pesos —lo que investigadores del propio INAH señalan como violación de al menos tres leyes federales, porque la figura de “renta” sobre un monumento histórico, dicen, configura delito—. Eso es mercantilismo con vajilla de museo. La soberanía se defiende teniendo una justicia que no necesite que el presidente Trump nos trate de Estado fallido, o que su exembajador Ken Salazar revele, según los adelantos de sus memorias que apenas saldrán a la venta, que México se quedó corto de presupuesto para migración por volcarlo todo en los megaproyectos. El Rolls-Royce de Gertz y la nómina de los “juniors” en el Senado son el símbolo perfecto de un régimen que ya se siente tan cómodo en el poder que ni siquiera se molesta en esconder los lujos.
¿Ustedes creen, sobrinos, que se puede hablar de transformación cuando los apellidos que hoy cobran en el Senado son los mismos que ayer criticaban los privilegios de los demás?
La austeridad, al parecer, es un plato que se sirve en vajilla de herencia y se transporta en Rolls-Royce.
Y así las cosas, sobrinos.
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